Tras el saludo al sol, el gurú prendió la barra de incienso, adoptó la postura del loto y entrecerró los párpados. Buscó el vacío de su mente para, así, llenarse con el poder de las energías sutiles del cosmos. Inspiró…un, dos, tres, cuatro, y espiró el aire de sus pulmones; inspiró… un, dos, tres, cuatro… y espiró procurando disolver el contenido de su pensamiento para llegar a hacerse uno con el todo absoluto.
Absorbió la vibración del gong que marcaba el final de la meditación y, lentamente, para no deshacer el camino de calma y plenitud que había recorrido, tomó del cajón el mala de ciento ocho cuentas para contar las repeticiones del mantra de las seis sílabas sagradas, “om mani padme hum” que parecían prolongar en su interior la vibrante armonía del gong gigante que marcaba, inexorable, las transiciones de la jornada.
Comió su escudilla de arroz con vegetales y dedicó la tarde a instruir a los jóvenes novicios que aspiraban a vestir con dignidad la túnica azafrán que los distinguiría como monjes, peregrinos como él mismo, de la senda de la virtud: inspirar, uno, dos, tres, cuatro, espirar, om, mani, padme, hum, uno, dos, tres...
Al caer la noche, cuando silencio llenaba todo el monasterio, contempló el firmamento estrellado, aspiró los aromas del valle y no pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla desde el propio sentimiento de vacío que había ido creando a lo largo del día y se preguntó, por enésima vez, si realmente sería aquel el sendero de la virtud.
En cuanto sonó el despertador, la mujer saltó de la cama para preparar los zumos y levantar a los niños. Preparó los desayunos y los bocadillos para el recreo. Los mayores cogían el autobús, pero al pequeño tenía que llevarlo a la guardería en el coche antes de ir ella misma al trabajo.
Peinó al uno, buscó el jersey que le faltaba a la otra, y le recordó al mayor que se pasara por la tienda al volver del instituto para comprar el pan para la comida.
Uno, dos, tres besos y la jornada, apenas empezada, iba ya a pleno ritmo. No le iba mal en el trabajo, pero necesitaba el ascenso. Tendría que preparar el examen correspondiente; ya vería ella de dónde sacaba el tiempo. También le preocupaba la niña; parecía estar flojeando en los estudios; tendría que pedir una entrevista con la tutora.
A la hora del café aprovechó para hacer unas compras que necesitaba y, de paso, telefonear al dentista para el pequeño. Al pasar por el escaparate de una tienda, tomó nota mentalmente de los precios de las rebajas: los niños necesitaban renovar equipo y a ella no le vendrían mal unos zapatos para el invierno.
Por la tarde, en casa, revisó los deberes de los tres y, durante la cena, comentó con cada uno de ellos sus pequeñas cosas. Una vez que los tres se hubieron acostado, la mujer se asomó a la ventana del salón. Las luces de la ciudad parpadeaban inquietas, tanto como ajetreada había sido su jornada. Sin embargo, ella se sintió feliz. Mañana iba a tener otra intensa jornada por delante pero eran esos días intensos los que la hacían sentirse plenamente viva.
SI NO QUIERES CALDO…
Todos los humanos aspiramos a “sentirnos bien con nosotros mismos”. En lo que difieren las distintas “escuelas” es, precisamente, en el modo de lograr ese objetivo.
Parece existir una especie de “ley de la mente” que algún autor de la corriente de la “Terapia de Aceptación y Compromiso” ha denominado el principio del “si no lo quieres, lo tendrás”. Los viejos campesinos anteriores a la “invención” de la Psicología ya lo denominaban el principio del “ si no quieres caldo, tres tazas” y se resume en la evidencia de que cuanto más non concentramos en evitar un contenido mental o un estado emocional, más envueltos nos encontramos en ese estado o contenido indeseables, ya se trate de una sesión de insomnio, una idea obsesiva o el temor al fracaso.
Por el contrario, el hecho de centrarnos en algo externo, nos ayuda a olvidarnos de nosotros mismos, con lo que nos facilita el liberarnos de preocupaciones, favorece nuestra concentración en la tarea que tengamos entre manos con lo que las posibilidades de éxito –y por consiguiente, de satisfacción personal- aumentan.
Entonces, paradójicamente, en lugar de “rechazar el caldo”, lo que deberíamos hacer es encargarlo de menú, aunque no nos guste. De esa manera, al menos, sólo tendremos que saborear una única taza en lugar de las tres que nos corresponden por el rechazo.
Esto viene a cuento del famoso “estrés postvacacional”: el mejor modo de superarlo consiste en sumergirnos lo antes posible en nuestro trabajo. Sobre todo, si tenemos claro por qué lo hacemos, qué beneficios nos reporta a nosotros mismos y a los demás y si, además, lo aderezamos con un poco de superación personal.
BIBLIOTERAPIA
Título: La roja insignia del valor. Autor: Stephen Crane (1900). Género: Novela. Editorial: Rey Lear. Madrid, 2007.
Composición: Dosis equilibradas de valor y realismo, búsqueda de motivos personales para la acción, y persistencia en medio de las penurias.
Indicaciones: Estados de inseguridad, temor, dudas sobre la propia valía.
Contraindicaciones: No administrar en caso de creencia firme en el poder de las “energías” o en la importancia de los recursos externos para la superación de problemas.
Efectos secundarios: Duda, estupor, temor al riesgo. Suelen superarse fácilmente tirándose de cabeza desde el trampolín pero también vale entrar poco a poco en el agua.
miércoles 2 de septiembre de 2009
jueves 11 de diciembre de 2008
LA BIOGRAFÍA DEL GRAN HOMBRE
LA BIOGRAFÍA DEL GRAN HOMBRE
Lo sobresaltó el sonido del timbre a una hora tan inhabitual. Recogió el último bloque de folios de la bandeja de la impresora y tras alinear cuidadosamente sus bordes lo añadió al montón de hojas que se apilaban al extremo de la mesa. Por fin estaba concluido el trabajo que con tanto esmero había redactado. En cuanto tuviera la foto y la dedicatoria del gran hombre podía enviar el manuscrito de la biografía a la editorial y tomarse luego un merecido descanso.
Se dirigió hacia la puerta mientras pensaba que era una lástima que se le echara encima el fin de semana. Ya no recibiría la fotografía hasta el lunes siguiente con lo que todo el proceso se iba a retrasar unos días y él estaba impaciente por ver el resultado de su obra. ¿Por qué los grandes hombres tenían que vivir siempre tan lejos?
La idea de iniciar la serie de biografías había surgido de una conversación con un grupo de profesores. Todos estaban de acuerdo en que la juventud necesitaba puntos de referencia, guías concretas, modelos de vida que le ayudaran a orientar su propio camino y él había pensado inmediatamente en el gran hombre: capitán de empresas, mecenas de artistas y patrocinador de deportistas era, sin duda, el mejor referente para cualquier joven que quisiera hacer algo útil en la vida.
Hubiera preferido entrevistar personalmente al gran hombre para poder darle a la biografía un tono más personal y directo pero los múltiples compromisos a los que debía atender el personaje hicieron imposible el intento. El departamento de relaciones públicas de la multinacional, no obstante, le había facilitado toda la documentación necesaria y se había comprometido a enviarle la fotografía y una dedicatoria directa del gran hombre para que pudiera darle a la biografía ese toque humano. Lástima que el envío se hubiera retrasado y que todo tuviera que quedar pendiente hasta la siguiente semana.
Cuando abrió la puerta se encontró con el rostro sonriente del cartero que le tendía un paquete.
- Perdone que llame tan tarde –se disculpó el mensajero-. Es que a la hora del reparto no había nadie en casa, así que esperé a terminar el trabajo para volver a pasarme por aquí para entregarle este paquete.
Echó un vistazo al envoltorio y reconoció el distintivo del grupo de empresas del gran hombre. Era, sin duda, el material que aguardaba. Ahora sí que podría rematar la biografía y dejarlo todo listo para hacer el envío a la editorial.
- ¡Ah! Gracias, muy amable. Me da usted una alegría porque estaba esperando este envío para terminar un trabajo.
- Sí, ya supongo. No me gusta volverme a la oficina de Correos con material sin entregar. Prefiero hacer un segundo recorrido antes de dejar el aviso de recogida en el buzón. A veces hay cosas importantes que la gente está deseando recibir.
Se sentó de nuevo ante la mesa de trabajo y depositó el paquete junto al montón de folios con la biografía del gran hombre. La diligencia del cartero lo había dejado impresionado: no era frecuente encontrarse a alguien que se tomara tan en serio su cometido. Mientras abría el envoltorio, fue recordando algunas de las múltiples anécdotas que habían convertido al hombre de Correos en el personaje más popular de todo el barrio: No sólo se sabía de memoria el nombre completo y la dirección de cada vecino sino que, además, tenía siempre un saludo amable para todo el mundo y era habitual verlo echando una mano a cualquiera que fuera cargado de paquetes o sujetando una puerta para facilitar la salida de un carrito de bebé,
Abrió el envoltorio y contempló la foto del gran hombre que posaba orgulloso, tras la imponente mesa de su despacho con el fondo de la pared empapelada de títulos y honores. Demasiado frío, demasiado lejano, demasiado elaborado. Él buscaba un referente de responsabilidad, de entrega y de proximidad que sirviera de modelo para sus jóvenes lectores.
Entonces, su mente se iluminó con la nueva idea.
Depositó en la papelera el montón de folios junto con la foto y la dedicatoria del gran hombre y se dispuso a empezar de nuevo el trabajo desde el principio. Iba a escribir una nueva biografía pero, esta vez, iba a ser la de una persona real, palpable y cercana no la de un mito prefabricado.
Dejó que los dedos volaran sobre las teclas mientras en la pantalla del ordenador aparecía el título de la nueva biografía. Lo releyó y sonrió complacido con el resultado:
“EL CARTERO QUE SIEMPRE LLAMA DOS VECES”
Seguro que a James M. Cain no le hubiera importado el plagio del título.
Publicado por Ramiro J. Alvarez en 7:08
Lo sobresaltó el sonido del timbre a una hora tan inhabitual. Recogió el último bloque de folios de la bandeja de la impresora y tras alinear cuidadosamente sus bordes lo añadió al montón de hojas que se apilaban al extremo de la mesa. Por fin estaba concluido el trabajo que con tanto esmero había redactado. En cuanto tuviera la foto y la dedicatoria del gran hombre podía enviar el manuscrito de la biografía a la editorial y tomarse luego un merecido descanso.
Se dirigió hacia la puerta mientras pensaba que era una lástima que se le echara encima el fin de semana. Ya no recibiría la fotografía hasta el lunes siguiente con lo que todo el proceso se iba a retrasar unos días y él estaba impaciente por ver el resultado de su obra. ¿Por qué los grandes hombres tenían que vivir siempre tan lejos?
La idea de iniciar la serie de biografías había surgido de una conversación con un grupo de profesores. Todos estaban de acuerdo en que la juventud necesitaba puntos de referencia, guías concretas, modelos de vida que le ayudaran a orientar su propio camino y él había pensado inmediatamente en el gran hombre: capitán de empresas, mecenas de artistas y patrocinador de deportistas era, sin duda, el mejor referente para cualquier joven que quisiera hacer algo útil en la vida.
Hubiera preferido entrevistar personalmente al gran hombre para poder darle a la biografía un tono más personal y directo pero los múltiples compromisos a los que debía atender el personaje hicieron imposible el intento. El departamento de relaciones públicas de la multinacional, no obstante, le había facilitado toda la documentación necesaria y se había comprometido a enviarle la fotografía y una dedicatoria directa del gran hombre para que pudiera darle a la biografía ese toque humano. Lástima que el envío se hubiera retrasado y que todo tuviera que quedar pendiente hasta la siguiente semana.
Cuando abrió la puerta se encontró con el rostro sonriente del cartero que le tendía un paquete.
- Perdone que llame tan tarde –se disculpó el mensajero-. Es que a la hora del reparto no había nadie en casa, así que esperé a terminar el trabajo para volver a pasarme por aquí para entregarle este paquete.
Echó un vistazo al envoltorio y reconoció el distintivo del grupo de empresas del gran hombre. Era, sin duda, el material que aguardaba. Ahora sí que podría rematar la biografía y dejarlo todo listo para hacer el envío a la editorial.
- ¡Ah! Gracias, muy amable. Me da usted una alegría porque estaba esperando este envío para terminar un trabajo.
- Sí, ya supongo. No me gusta volverme a la oficina de Correos con material sin entregar. Prefiero hacer un segundo recorrido antes de dejar el aviso de recogida en el buzón. A veces hay cosas importantes que la gente está deseando recibir.
Se sentó de nuevo ante la mesa de trabajo y depositó el paquete junto al montón de folios con la biografía del gran hombre. La diligencia del cartero lo había dejado impresionado: no era frecuente encontrarse a alguien que se tomara tan en serio su cometido. Mientras abría el envoltorio, fue recordando algunas de las múltiples anécdotas que habían convertido al hombre de Correos en el personaje más popular de todo el barrio: No sólo se sabía de memoria el nombre completo y la dirección de cada vecino sino que, además, tenía siempre un saludo amable para todo el mundo y era habitual verlo echando una mano a cualquiera que fuera cargado de paquetes o sujetando una puerta para facilitar la salida de un carrito de bebé,
Abrió el envoltorio y contempló la foto del gran hombre que posaba orgulloso, tras la imponente mesa de su despacho con el fondo de la pared empapelada de títulos y honores. Demasiado frío, demasiado lejano, demasiado elaborado. Él buscaba un referente de responsabilidad, de entrega y de proximidad que sirviera de modelo para sus jóvenes lectores.
Entonces, su mente se iluminó con la nueva idea.
Depositó en la papelera el montón de folios junto con la foto y la dedicatoria del gran hombre y se dispuso a empezar de nuevo el trabajo desde el principio. Iba a escribir una nueva biografía pero, esta vez, iba a ser la de una persona real, palpable y cercana no la de un mito prefabricado.
Dejó que los dedos volaran sobre las teclas mientras en la pantalla del ordenador aparecía el título de la nueva biografía. Lo releyó y sonrió complacido con el resultado:
“EL CARTERO QUE SIEMPRE LLAMA DOS VECES”
Seguro que a James M. Cain no le hubiera importado el plagio del título.
Publicado por Ramiro J. Alvarez en 7:08
EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO (Cuento para una Navidad en crisis)
No recordaba que hubiera allí antes una juguetería. Seguramente era una de esas tiendas ocasionales que ponía alguna organización benéfica para recaudar fondos con la venta de juguetes. A lo mejor hasta tenían juguetes usados; eso estaría muy bien porque él no podía gastarse mucho dinero. No tenía ni idea de qué podía comprar. Tendría que ser algo barato, muy barato. A ver si el dependiente le echaba una mano.
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO (Cuento para una Navidad en Crisis)
No recordaba que hubiera allí antes una juguetería. Seguramente era una de esas tiendas ocasionales que ponía alguna organización benéfica para recaudar fondos con la venta de juguetes. A lo mejor hasta tenían juguetes usados; eso estaría muy bien porque él no podía gastarse mucho dinero. No tenía ni idea de qué podía comprar. Tendría que ser algo barato, muy barato. A ver si el dependiente le echaba una mano.
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
lunes 20 de octubre de 2008
lunes 14 de mayo de 2007
Si dejara de llover...
El libro ya le estaba resultando cargante y se preguntaba si no habría otras cosas más interesantes que hacer. Echó un vistazo hacia ventana, más que nada, para confirmar que aquella iba a resultar otra tarde perdida y, en efecto, los goterones resbalando por el cristal se le antojaron como barrotes de agua empeñados en encerrarlo en su prisión doméstica. No había duda; aquel iba a ser otro fin de semana perdido.
¿Por qué no podía marcharse de aquella ciudad? Además de pequeña, también húmeda y, encima, aburrida. Si le hubiera tocado en suerte vivir en una capital más cosmopolita… si, al menos, el clima fuera algo más soleado…
Dejó a un lado el libro y se levantó para observar la calle pavimentada de charcos. Algunos paraguas negros parecían flotar en la humedad gris de la tarde. ¿A dónde se podía ir con un tiempo así?
Pensó en lo agradable que sería perderse por los senderos que cruzaban los campos verdes en una tarde de sol; lo estimulante de un paseo por el parque de la ciudad, saludando a los compañeros, charlando con los conocidos, degustando un buen café en una terraza céntrica; lo romántico de un encuentro con alguien especial en una tarde soleada y cálida…
Pero aquella lluvia no hacía más que embarrar sus sueños. Si dejara de llover un día, si saliera el sol por fin…
No, realmente no era muy feliz. No es que le faltara nada; era sólo aquel clima endiablado, aquella ciudad aburrida, aquel empleo monótono, aquella soledad agobiante… Con resignación, se dirigió de nuevo al sofá, a la novela, al tedio.
Trató de centrarse en la lectura pero no le resultaba fácil. “Si dejara de llover –pensó- seguro que se me levantaba el ánimo”.
De nuevo, intentó evadirse en el argumento de la historia pero por poco tiempo:“Si viviera en un sitio con más vida –se dijo-, seguro que mi vida era más interesante”.
En vista de que la lectura no le bastaba para distraerse, se dirigió a la cocina para prepararse un café: “Si mis compañeros fueran más atentos –se lamentó-, seguro que los fines de semana resultarían más divertidos”.
Con el café humeante volvió de nuevo a la ventana. Parecía que entre él y la felicidad se interponían obstinadamente aquella lluvia, aquella ciudad, aquel tedio.
Entonces vio surgir el paraguas amarillo. Como una gran flor en medio del aburrimiento grisáceo. Tuvo una corazonada; la taza quedó a medio camino de sus labios mientras se esforzaba por ver quien se cobijaba bajo aquella disonancia colorista. Era ella, sí; no podía ser otra. Hacía días que él andaba buscando el momento oportuno de hacerse el encontradizo y, justo ahora, aparecía ella en medio del aguacero.
Dejó la taza apresuradamente y se lanzó en busca de su impermeable para salir a la calle. Ni se le ocurrió coger el paraguas ni se preocupó de comprobar que la puerta quedara bien cerrada. No quería perderla de vista; ya se le ocurriría algo para abordarla.
Y mientras apuraba el paso, sorteando charcos y evitando goteras, tras el paraguas amarillo que flotaba al extremo de la calle, pensó que, en el fondo, era una suerte que ella viviera también –precisamente- en aquella ciudad pequeña, una suerte que nadie lo hubiera llamado para salir, una suerte que lloviera...
UN PENSAMIENTO:
En algún lugar leí la siguiente reflexión:Durante mucho tiempo he tenido la sensación de que mi vida –la vida de verdad- estaba a punto de empezar. Pero siempre aparecía algún obstáculo en el camino: algo que había que conseguir antes, algún asunto por concluir, algún tiempo que aguardar, una deuda que saldar. Y, entonces, la vida empezaría… Hasta que, por fin, caí en la cuenta de que todos esos obstáculos ERAN MI VIDA.
Existe también un principio en la práctica del “coaching personal” que recomienda RECONOCER LA PERFECCIÓN DE CADA SITUACIÓN –aún dentro de lo imperfecta que pueda parecer-, aprender a extraer la pepita de oro de entre las toneladas de lodo, saber ver “el cuadro completo” más allá de la frustración del momento inmediato, más allá del mero detalle molesto.
Y creo que esta podía ser la consigna para el próximo trimestre: RECONOCER LA VIDA porque, muchas veces, nos limitamos a lamentarnos de nuestras circunstancias mientras esperamos a que “las cosas cambien” sin que movamos un dedo por procurar un cambio o por tomar una iniciativa. Nos limitamos a ver llover y a esperar a que pare; no se nos ocurre que es nuestra lluvia, nuestra tarde, nuestra vida.
BIBLIOTERAPIA
Título: “COMO HACERSE RICO”.
Autor: Benjamín Franklin
Editorial: Universidad de León, 1999
Composición: Píldoras de realismo para la vida cotidiana (ej.: sigue comprando lo innecesario y acabarás vendiendo, dentro de poco, lo que en verdad necesitas) en edición bilingüe inglés-español. De regalo, viene añadido el texto RIQUEZA de Andrew Carnegie.
Indicaciones: Estados caracterizados por inercia, ilusiones vanas o esperanzas infundadas.
Efectos secundarios: Inicial decepción en quienes viven de ilusiones fatuas o depositan sus esperanzas en sustancias, fuerzas o personajes especiales. Superada la fase inicial de desconcierto, la puesta en práctica de los pensamientos incluidos tienen un efecto de consolidación del propio carácter y de la fuerza de voluntad.
Nota: A la vista de la multitud de obras a la venta basadas en la filosofía del “deje que sus sueños trabajen por usted” el sentido común agradece esta bocanada de sensatez clásica.
NIÑOS:
EL VALOR DE LA CONGRUENCIA
Lamentablemente, educar no consiste meramente en sermonear ni en dar buenos consejos ni siquiera en facilitar los mejores ambientes o instalaciones para que nuestros hijos lleguen a desarrollar el máximo de sus capacidades. La verdadera educación se transmite por IMPREGNACIÓN; eso quiere decir que si deseamos que nuestros niños adquieran un determinado hábito o desarrollen una cualidad, primero tendrán que ver realizarse eso mismo en nosotros, padres o educadores.
En otras palabras, no tiene sentido intentar que nuestros hijos desarrollen interés por la actividad deportiva apuntándolos, sencillamente, en el mejor gimnasio de la ciudad; ese interés sólo llegará a prender con fuerza en ellos si ven que nosotros hemos adoptado ese hábito como estilo de vida; tampoco tiene sentido inculcar a nuestros hijos el sentido de la prudencia en el beber si nosotros consumimos habitualmente bebidas alcohólicas etc. Lo “malo” de la educación es que no es delegable. Como padres somos la figura de referencia primaria para los más jóvenes y, en la medida en que estemos trabajando en nuestro propio desarrollo, les estaremos mostrando también a ellos el mejor camino a seguir.
PROPUESTA DE ACCIÓN
RECONOCER LA VIDA. La propuesta consiste en procurar desarrollar el sentido de protagonismo de nuestra propia vida. A menudo, nos disculpamos con las circunstancias, los imprevistos… la “lluvia” y adoptamos el papel de víctimas frustradas en lugar de protagonistas entusiastas de nuestra historia vital.La propuesta para el trimestre va a consistir en llevar a cabo una “contabilidad vital” de doble columna: dividimos una hoja en dos mitades y en la columna de la izquierda pondremos como título “Víctima”; aquí anotaremos, día a día, las situaciones en las que hemos actuado según ese papel. En la columna de la derecha, pondremos como encabezamiento: “Protagonista” y también anotaremos, día a día, las situaciones en las que hemos tomado el mando de la situación. Este ejercicio de contabilidad puede ayudarnos a hacer una reflexión diaria que nos permita ir corrigiendo nuestro estilo vital permitiéndonos ser cada vez más protagonistas activos de nuestra vida.
FRASE DE ORO
Caí en la cuenta de que todos esos obstáculos eran MI VIDA.
¿Por qué no podía marcharse de aquella ciudad? Además de pequeña, también húmeda y, encima, aburrida. Si le hubiera tocado en suerte vivir en una capital más cosmopolita… si, al menos, el clima fuera algo más soleado…
Dejó a un lado el libro y se levantó para observar la calle pavimentada de charcos. Algunos paraguas negros parecían flotar en la humedad gris de la tarde. ¿A dónde se podía ir con un tiempo así?
Pensó en lo agradable que sería perderse por los senderos que cruzaban los campos verdes en una tarde de sol; lo estimulante de un paseo por el parque de la ciudad, saludando a los compañeros, charlando con los conocidos, degustando un buen café en una terraza céntrica; lo romántico de un encuentro con alguien especial en una tarde soleada y cálida…
Pero aquella lluvia no hacía más que embarrar sus sueños. Si dejara de llover un día, si saliera el sol por fin…
No, realmente no era muy feliz. No es que le faltara nada; era sólo aquel clima endiablado, aquella ciudad aburrida, aquel empleo monótono, aquella soledad agobiante… Con resignación, se dirigió de nuevo al sofá, a la novela, al tedio.
Trató de centrarse en la lectura pero no le resultaba fácil. “Si dejara de llover –pensó- seguro que se me levantaba el ánimo”.
De nuevo, intentó evadirse en el argumento de la historia pero por poco tiempo:“Si viviera en un sitio con más vida –se dijo-, seguro que mi vida era más interesante”.
En vista de que la lectura no le bastaba para distraerse, se dirigió a la cocina para prepararse un café: “Si mis compañeros fueran más atentos –se lamentó-, seguro que los fines de semana resultarían más divertidos”.
Con el café humeante volvió de nuevo a la ventana. Parecía que entre él y la felicidad se interponían obstinadamente aquella lluvia, aquella ciudad, aquel tedio.
Entonces vio surgir el paraguas amarillo. Como una gran flor en medio del aburrimiento grisáceo. Tuvo una corazonada; la taza quedó a medio camino de sus labios mientras se esforzaba por ver quien se cobijaba bajo aquella disonancia colorista. Era ella, sí; no podía ser otra. Hacía días que él andaba buscando el momento oportuno de hacerse el encontradizo y, justo ahora, aparecía ella en medio del aguacero.
Dejó la taza apresuradamente y se lanzó en busca de su impermeable para salir a la calle. Ni se le ocurrió coger el paraguas ni se preocupó de comprobar que la puerta quedara bien cerrada. No quería perderla de vista; ya se le ocurriría algo para abordarla.
Y mientras apuraba el paso, sorteando charcos y evitando goteras, tras el paraguas amarillo que flotaba al extremo de la calle, pensó que, en el fondo, era una suerte que ella viviera también –precisamente- en aquella ciudad pequeña, una suerte que nadie lo hubiera llamado para salir, una suerte que lloviera...
UN PENSAMIENTO:
En algún lugar leí la siguiente reflexión:Durante mucho tiempo he tenido la sensación de que mi vida –la vida de verdad- estaba a punto de empezar. Pero siempre aparecía algún obstáculo en el camino: algo que había que conseguir antes, algún asunto por concluir, algún tiempo que aguardar, una deuda que saldar. Y, entonces, la vida empezaría… Hasta que, por fin, caí en la cuenta de que todos esos obstáculos ERAN MI VIDA.
Existe también un principio en la práctica del “coaching personal” que recomienda RECONOCER LA PERFECCIÓN DE CADA SITUACIÓN –aún dentro de lo imperfecta que pueda parecer-, aprender a extraer la pepita de oro de entre las toneladas de lodo, saber ver “el cuadro completo” más allá de la frustración del momento inmediato, más allá del mero detalle molesto.
Y creo que esta podía ser la consigna para el próximo trimestre: RECONOCER LA VIDA porque, muchas veces, nos limitamos a lamentarnos de nuestras circunstancias mientras esperamos a que “las cosas cambien” sin que movamos un dedo por procurar un cambio o por tomar una iniciativa. Nos limitamos a ver llover y a esperar a que pare; no se nos ocurre que es nuestra lluvia, nuestra tarde, nuestra vida.
BIBLIOTERAPIA
Título: “COMO HACERSE RICO”.
Autor: Benjamín Franklin
Editorial: Universidad de León, 1999
Composición: Píldoras de realismo para la vida cotidiana (ej.: sigue comprando lo innecesario y acabarás vendiendo, dentro de poco, lo que en verdad necesitas) en edición bilingüe inglés-español. De regalo, viene añadido el texto RIQUEZA de Andrew Carnegie.
Indicaciones: Estados caracterizados por inercia, ilusiones vanas o esperanzas infundadas.
Efectos secundarios: Inicial decepción en quienes viven de ilusiones fatuas o depositan sus esperanzas en sustancias, fuerzas o personajes especiales. Superada la fase inicial de desconcierto, la puesta en práctica de los pensamientos incluidos tienen un efecto de consolidación del propio carácter y de la fuerza de voluntad.
Nota: A la vista de la multitud de obras a la venta basadas en la filosofía del “deje que sus sueños trabajen por usted” el sentido común agradece esta bocanada de sensatez clásica.
NIÑOS:
EL VALOR DE LA CONGRUENCIA
Lamentablemente, educar no consiste meramente en sermonear ni en dar buenos consejos ni siquiera en facilitar los mejores ambientes o instalaciones para que nuestros hijos lleguen a desarrollar el máximo de sus capacidades. La verdadera educación se transmite por IMPREGNACIÓN; eso quiere decir que si deseamos que nuestros niños adquieran un determinado hábito o desarrollen una cualidad, primero tendrán que ver realizarse eso mismo en nosotros, padres o educadores.
En otras palabras, no tiene sentido intentar que nuestros hijos desarrollen interés por la actividad deportiva apuntándolos, sencillamente, en el mejor gimnasio de la ciudad; ese interés sólo llegará a prender con fuerza en ellos si ven que nosotros hemos adoptado ese hábito como estilo de vida; tampoco tiene sentido inculcar a nuestros hijos el sentido de la prudencia en el beber si nosotros consumimos habitualmente bebidas alcohólicas etc. Lo “malo” de la educación es que no es delegable. Como padres somos la figura de referencia primaria para los más jóvenes y, en la medida en que estemos trabajando en nuestro propio desarrollo, les estaremos mostrando también a ellos el mejor camino a seguir.
PROPUESTA DE ACCIÓN
RECONOCER LA VIDA. La propuesta consiste en procurar desarrollar el sentido de protagonismo de nuestra propia vida. A menudo, nos disculpamos con las circunstancias, los imprevistos… la “lluvia” y adoptamos el papel de víctimas frustradas en lugar de protagonistas entusiastas de nuestra historia vital.La propuesta para el trimestre va a consistir en llevar a cabo una “contabilidad vital” de doble columna: dividimos una hoja en dos mitades y en la columna de la izquierda pondremos como título “Víctima”; aquí anotaremos, día a día, las situaciones en las que hemos actuado según ese papel. En la columna de la derecha, pondremos como encabezamiento: “Protagonista” y también anotaremos, día a día, las situaciones en las que hemos tomado el mando de la situación. Este ejercicio de contabilidad puede ayudarnos a hacer una reflexión diaria que nos permita ir corrigiendo nuestro estilo vital permitiéndonos ser cada vez más protagonistas activos de nuestra vida.
FRASE DE ORO
Caí en la cuenta de que todos esos obstáculos eran MI VIDA.
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