LA BIOGRAFÍA DEL GRAN HOMBRE
Lo sobresaltó el sonido del timbre a una hora tan inhabitual. Recogió el último bloque de folios de la bandeja de la impresora y tras alinear cuidadosamente sus bordes lo añadió al montón de hojas que se apilaban al extremo de la mesa. Por fin estaba concluido el trabajo que con tanto esmero había redactado. En cuanto tuviera la foto y la dedicatoria del gran hombre podía enviar el manuscrito de la biografía a la editorial y tomarse luego un merecido descanso.
Se dirigió hacia la puerta mientras pensaba que era una lástima que se le echara encima el fin de semana. Ya no recibiría la fotografía hasta el lunes siguiente con lo que todo el proceso se iba a retrasar unos días y él estaba impaciente por ver el resultado de su obra. ¿Por qué los grandes hombres tenían que vivir siempre tan lejos?
La idea de iniciar la serie de biografías había surgido de una conversación con un grupo de profesores. Todos estaban de acuerdo en que la juventud necesitaba puntos de referencia, guías concretas, modelos de vida que le ayudaran a orientar su propio camino y él había pensado inmediatamente en el gran hombre: capitán de empresas, mecenas de artistas y patrocinador de deportistas era, sin duda, el mejor referente para cualquier joven que quisiera hacer algo útil en la vida.
Hubiera preferido entrevistar personalmente al gran hombre para poder darle a la biografía un tono más personal y directo pero los múltiples compromisos a los que debía atender el personaje hicieron imposible el intento. El departamento de relaciones públicas de la multinacional, no obstante, le había facilitado toda la documentación necesaria y se había comprometido a enviarle la fotografía y una dedicatoria directa del gran hombre para que pudiera darle a la biografía ese toque humano. Lástima que el envío se hubiera retrasado y que todo tuviera que quedar pendiente hasta la siguiente semana.
Cuando abrió la puerta se encontró con el rostro sonriente del cartero que le tendía un paquete.
- Perdone que llame tan tarde –se disculpó el mensajero-. Es que a la hora del reparto no había nadie en casa, así que esperé a terminar el trabajo para volver a pasarme por aquí para entregarle este paquete.
Echó un vistazo al envoltorio y reconoció el distintivo del grupo de empresas del gran hombre. Era, sin duda, el material que aguardaba. Ahora sí que podría rematar la biografía y dejarlo todo listo para hacer el envío a la editorial.
- ¡Ah! Gracias, muy amable. Me da usted una alegría porque estaba esperando este envío para terminar un trabajo.
- Sí, ya supongo. No me gusta volverme a la oficina de Correos con material sin entregar. Prefiero hacer un segundo recorrido antes de dejar el aviso de recogida en el buzón. A veces hay cosas importantes que la gente está deseando recibir.
Se sentó de nuevo ante la mesa de trabajo y depositó el paquete junto al montón de folios con la biografía del gran hombre. La diligencia del cartero lo había dejado impresionado: no era frecuente encontrarse a alguien que se tomara tan en serio su cometido. Mientras abría el envoltorio, fue recordando algunas de las múltiples anécdotas que habían convertido al hombre de Correos en el personaje más popular de todo el barrio: No sólo se sabía de memoria el nombre completo y la dirección de cada vecino sino que, además, tenía siempre un saludo amable para todo el mundo y era habitual verlo echando una mano a cualquiera que fuera cargado de paquetes o sujetando una puerta para facilitar la salida de un carrito de bebé,
Abrió el envoltorio y contempló la foto del gran hombre que posaba orgulloso, tras la imponente mesa de su despacho con el fondo de la pared empapelada de títulos y honores. Demasiado frío, demasiado lejano, demasiado elaborado. Él buscaba un referente de responsabilidad, de entrega y de proximidad que sirviera de modelo para sus jóvenes lectores.
Entonces, su mente se iluminó con la nueva idea.
Depositó en la papelera el montón de folios junto con la foto y la dedicatoria del gran hombre y se dispuso a empezar de nuevo el trabajo desde el principio. Iba a escribir una nueva biografía pero, esta vez, iba a ser la de una persona real, palpable y cercana no la de un mito prefabricado.
Dejó que los dedos volaran sobre las teclas mientras en la pantalla del ordenador aparecía el título de la nueva biografía. Lo releyó y sonrió complacido con el resultado:
“EL CARTERO QUE SIEMPRE LLAMA DOS VECES”
Seguro que a James M. Cain no le hubiera importado el plagio del título.
Publicado por Ramiro J. Alvarez en 7:08
jueves, 11 de diciembre de 2008
EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO (Cuento para una Navidad en crisis)
No recordaba que hubiera allí antes una juguetería. Seguramente era una de esas tiendas ocasionales que ponía alguna organización benéfica para recaudar fondos con la venta de juguetes. A lo mejor hasta tenían juguetes usados; eso estaría muy bien porque él no podía gastarse mucho dinero. No tenía ni idea de qué podía comprar. Tendría que ser algo barato, muy barato. A ver si el dependiente le echaba una mano.
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
La regulación de empleo lo había alcanzado de lleno. No era una metáfora lo del ladrillo; con el desplome de la construcción, las primeras fábricas que se habían visto afectadas habían sido, precisamente, las de ladrillos y, dentro de ellas, el personal con menor antigüedad no había tardado demasiado en recibir la carta de despido. Ahora tendría unos meses de paro, la posibilidad de algún curso de reciclaje… ¿y luego?
Era su primera tarde sin trabajo. Después de la comida, se habían sentado los tres ante el televisor, en silencio. Al niño le habían dicho que su papá tenía también vacaciones y el pequeño estaba encantado, maravillado ante el desfile de juguetes por la pequeña pantalla que estaba disfrutando en compañía de sus padres. Entretanto, él se preguntaba con angustia cómo podría estirar la paga para comprarle algún juguete a su hijo sin que la precaria economía doméstica se desmoronara antes de tiempo.
- ¿Cómo me porté este año?
La pregunta los había pillado a los dos desprevenidos. La verdad era que tenían un hijo maravilloso.
- De maravilla. No nos diste ningún disgusto, fuiste siempre obediente y siempre comiste todo lo que te pusieron en el plato.
- Entonces, los Reyes tendrán que traerme un buen regalo…Él había sentido cómo la mano de su mujer se crispaba contra la suya.
Estuvo a punto de contarle a su hijo que se acababa de quedar en el paro pero al ver el rostro ilusionado del niño no tuvo valor para hacerlo, así que lo estrechó contra su pecho mientras le decía:
- Pues claro que te traerán un buen regalo; el que se merece el mejor hijo del mundo: ¡el mejor regalo del mundo!
- ¿El mejor regalo del mundo? –el niño lo miró sorprendido- ¿Y cuál es?
- Ya lo verás cuando lo tengas; ahora sigue mirando la película que papá y mamá van a recoger la mesa…
Y allí estaba él, en la tienda de juguetes, como en una nube, confuso, avergonzado, arrepentido ya de haber entrado. Estuvo a punto de dar la vuelta, pero el tono amable del dependiente lo tranquilizó.
- ¿Puedo ayudarle?
- Verá, estoy buscando un juguete para mi hijo, solo que... Levantó la vista hacia el dependiente y se encontró con la mirada amigable del personaje, un hombre ya mayor, de barba blanca; el representante ideal de Papá Noel.- Lo cierto es que no puedo gastar mucho dinero; quisiera algo barato…
- Veamos –lo animó el clon de Santa Claus- ¿con qué presupuesto contamos?
- Pues no sé… lo menos posible, quizá… ¿un euro?
Se preparó para soportar la carcajada del dependiente o, peor aún, que lo echaran fuera de la tienda con cajas destempladas. Pero, evidentemente, el doble de Papá Noel era todo un profesional de las ventas.
- ¿Un euro? Veamos… con eso, puede usted comprarle a su hijo el mejor regalo del mundo!Y el hombre le tendió una pequeña caja con una espátula de madera.
… … …
La noche de Reyes nadie tenía sueño: el niño por la emoción, los padres por la angustia. Por fin, una vez que el pequeño cayó vencido por el sueño, ellos prepararon la mesa del mejor modo posible. La espátula estaba envuelta en un papel dorado que le confería un cierto aire de magia. Además, el padre se había acercado a la fábrica para recoger un reluciente bloque de arcilla que el chico pudiera modelar y la habían envuelto en plásticos de colores. No se olvidaron de colocar las tres tazas manchadas de café y la jarra con un resto de agua, como si los tres Reyes se hubieran detenido en el comedor de su casa para tomarse un respiro en la noche y abrevar a sus camellos.
Tardaron mucho en dormirse por eso, cuando la mañana de Reyes ya iba avanzada, ellos aún estaban durmiendo. Y hubieran seguido de no ser por el niño que irrumpió feliz en el dormitorio, manchado de barro, con la espátula de madera en la mano derecha y, en la izquierda, la figura de un Rey Mago modelada en arcilla.
- ¡Es cierto, es cierto! –exclamó el pequeño sin más preámbulo-. ¡Es el mejor juguete del mundo!
Los padres se restregaron los ojos y, por fin, le preguntaron:
- ¿Y por qué dices eso?- Ya hice un perro, un avión, una casa, un coche, este rey… y puedo hacer todo lo que se me ocurra.
- ¡Vaya! –exclamó el padre aliviado-. Pues sí que parece interesante.
- Pero lo mejor es otra cosa…
- ¿Qué es?
- Lo mejor es que, si algo te sale mal, siempre puedes arreglarlo quitando o poniendo un poco de arcilla y, al final, sale lo que quieres.
Los padres se miraron en silencio. Por fin, el salió de la cama y tomó a su hijo por los hombros:
- Vamos allá, tienes que explicarme cómo se juega con esto. Voy a hacer una cosa con tu arcilla.
- ¿Qué quieres hacer, papá?
- Voy a modelarme un futuro. Y no pararé hasta que lo consiga.
Y no le resultó difícil. Al fin y al cabo, contaba con la herramienta mejor del mundo: su empeño.
Con mis mejores deseos para estas fechas y para el año 2009Ramiro J. Álvarez
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