viernes, 12 de noviembre de 2010

LA TRAMPA DE LA FELICIDAD

Nuestra sociedad a menudo nos anima a pensar en términos de “ganadores” y “perdedores”; “triunfadores” y “fracasados”, “campeones” y “rezagados”. Frecuentemente encontramos toda clase de libros, artículos y expertos que nos dicen: “piensa como un ganador”, “enfréntate al éxito”, “los ganadores funcionan de esta manera”, “sólo los perdedores hacen eso”. Si tú mantienes firmemente la creencia de que eres un ‘ganador’, un ‘campeón’, un ‘éxito’, puede que esto te reporte beneficios a corto plazo; puedes sentirte bien contigo mismo. Especialmente si te comparas con alguien que es un ‘perdedor’, un ‘fracasado’. Pero ¿cuánto tiempo va a durar ese sentimiento? ¿Cuánto tiempo va a tardar tu mente en encontrar alguien que está teniendo mejores resultados o más éxito que tú? Y cuando tu mente, inevitablemente, encuentre a esa persona y empiece a compararla contigo, ¿qué va a ocurrir? ¿A quién va a empezar a etiquetar tu mente como ‘perdedor’, ‘fracasado’ o ‘rezagado’? y si tienes la costumbre de mantener con firmeza tus juicios sobre ti mismo, ¿qué va a ocurrir entonces?

Puede que hayas oído hablar del concepto de “baja autoestima”. Es muy corriente entre profesionales de éxito. En cuanto consiguen sus objetivos, empiezan a aferrarse a la historia del “yo soy un ganador2 y eso les lleva a sentirse bien consigo mismos. Pero en el momento en que sus logros disminuyen –y, antes o después, ocurrirá porque no existe ningún “ser humano perfecto”- la historia cambia a “yo soy un perdedor”. Y si tienen el hábito de aferrarse firmemente a sus propios juicios sobre sí mismos, son absorbidos inmediatamente por el agujero negro del “yo soy un perdedor”. Este esquema crea una desesperante necesidad de conseguir más y más por miedo a convertirse en un “perdedor”, en un “fracasado” o un “rezagado”. Y esto, a su vez, conduce al estrés crónico, a la ansiedad de ejecución, al perfeccionismo y al “burnout”.

E incluso si fuéramos capaces, contra todo pronóstico, de arreglárnoslas para mantener firmemente la idea de “yo soy un ganador”, “soy una persona de éxito”, etc., a largo plazo, ¿qué efecto podría tener en nuestras relaciones con los demás? ¿Has intentado alguna vez de crear una relación rica y significativa, basada en la apertura, el respeto y la igualdad con alguien que sostiene firmemente la idea de “yo soy una persona de éxito”, “soy un campeón”, “soy un ganador”?

El mensaje a tener en cuenta: mantén tus propias descripciones y tus juicio9s sobre ti mismo con un sano relativismo. Independientemente de que sean positivas o negativas, verdaderas o falsas, no te aferres a ellas. Después de todo, sólo son palabras. ¿Acaso es la biografía de Nelson Mandela lo mismo que el propio Nelson Mandela? Claramente, no; no es más que un cúmulo de palabras. Y, con independencia de lo verdaderas o falsas que sean esas palabras, no se aproximan ni de lejos a la riqueza y plenitud de lo que es el propio ser viviente. (Después de todo, ¿con quién preferirías pasar el rato, con el propio Nelson Mandela o con un libro sobre él?).El mismo principio es válido para los propios juicios y auto-descripciones. En ACT no estamos interesados en si esos pensamientos son verdaderos o falsos, positivos o negativos. En lo que estamos interesados es en si es útil aferrarse a ellos. Y, es de esperar, puedes ver que tanto si tus juicios sobre ti mismo son positivos o negativos, si mantienes el hábito de aferrarte a ellos, eso sólo va a crearte problemas.

Lo que importa en la vida es lo que haces, no las historias que crees sobre ti mismo. Si dudas de esto, piensa en tu propio funeral; ¿te gustaría que la gente estuviera allí diciendo: “Lo que realmente admiré de él fue su alta opinión de sí mismo? ¿O preferirías que dijeran: “Lo que realmente admiré de él fue que siempre estuvo allí cada vez que lo necesité; él me ayudó, me respaldó, me animó a vivir la vida con plenitud”? Date cuenta de que puedes dedicarte a la gente que quieres y ayudarlos, respaldarlos y animarlos, independientemente de lo que pienses sobre ti mismo.

Ahora, si tu mente se parece a mi mente, te darás cuenta de que esos juicios sobre ti mismo cambian como el viento. Hay días en que mi mente me dice que soy un padre maravilloso y un marido cariñoso; y otros días mi mente me dice que soy un padre horrible y un marido egoísta. Hay días en que mi mente me dice que soy un escritor buenísimo; y otros días mi mente me dice que lo que escribo es una basura. Por eso, si tu mente te dice “Eres un perdedor”, no te lo creas. Simplemente, dale las gracias, ponle un título a ese cuento y deja que vaya y venga como le apetezca – ni te aferres a esa historia ni luches contra ella, ni trates de echarla lejos. Podrías decirte sencillamente: “¡Ajá, aquí está la historia del perdedor! ¡Muchas gracias, mente mía! ¿Hermoso cuento!” Y, por supuesto, si tu mente te dice: “Eres un triunfador”, tampoco te lo tomes demasiado en serio. Simplemente dite a ti mismo: ¡Ajá, aquí está la historia del triunfador” ¡Gracias, mente mía! ¡Hermoso cuento!”

Cita de Margaret Fontey:
“Algo importante que he aprendido con los años es la diferencia entre tomarse en serio el trabajo de uno y tomarse a uno en serio. Lo primero es imperativo, lo segundo, desastroso”.

Recuerda: Tus juicios sobre ti mismo no son problemáticos en sí mismos. Sólo se vuelven problemáticos cuando te aferras demasiado a ellos. Por eso, con independencia de si son positivos o negativos, verdaderos o falsos, procura mantenerlos con cierto relativismo. Cuesta trabajo, pero cuanto más aflojes tu presión sobre esos juicios –tanto los positivos como los negativos- más llegarás a experimentar algo realmente maravilloso: auténtica AUTO-ACEPTACIÓN.

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